martes, 19 de abril de 2011

pH5



Ácido. Es el pH de la cosa. No básica, sino básicamente ácida.
Básicamente mala, básicamente sucia.
Así me vivo, así me siento.
Porque cuando cago cierro la puerta,  aunque no haya nadie en la casa. Para sentirme sola, para encerrarme.
Mientras defeco, detesto. Detesto a la gente con sus estúpidas excusas. Flotan vacías, como lo que sale de mi culo, escusas de mierda.
Mi amor, soy de los barrios de las novenas menores. En mí vibra el hedor de lo que no se habla:
de sexo,  de putas,
 de mierda, de vómito.
 De desesperación,
 vacio,
 traición,
 frustración.
De no ser… De eso, no se habla.
Es sencillo, me da por el centro de la concha lo que pasa con los demás. Y acepto con tanto placer la mierda que soy, que me asusta cómo disfruto de mi perversión, de mi actuación. De hacerte tragar mi cuentito de luz…
¿No ves? Me gusta bien adentro, como si me perfundieras en plástico y me convirtieras en una muñeca. Tu muñeca.
Quemo, como el ácido de mi estómago, todo lo que beso, lo destruyo.
Ácidamente cínica, ácidamente tonta, ácidamente inútil.
Nunca serví para algo más que comer y cagar. Fábrica de bosta.
Uno por cada hueco que tengo, así me lo imagino.
Una…
tan solo una cosa:
una concha ácida.

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