Maté al amor. El sentimiento es claro, está muerto. Resolví el enigma. Encontré al culpable, y se ha ido porque no soportó haber sido hallado.
Su imagen se desvaneció. Se fue el motivo, huyó y se perdió por no saber donde más esconderse. Se desintegró, ya no podía robarme más vida.
El amor hizo silencio. Empezó a llorar y desapareció. Dejó un vacio, como el que deja una raíz arrancada de la tierra.
Maté a la ilusión, apagué la luz. Me perdí en mí, naufragué en mi sangre, y llegué hasta ahí. Allí estaba él, el Mago de Oz. El gigante era solo un pequeño hombrecito. Se sorprendió, no me esperaba, me daba por muerta. Le pregunté qué hacía en ese lugar, cómo había llegado ahí, quién la había permitido quedarse. Enmudeció.

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