sábado, 1 de febrero de 2014

Diferencia abismal

Delante de tu nariz, no obstante un abismo entre nosotros. Me contengo un instante, milisegundos de silencios en los que se filtra tu sonrisa en mi marea mental. Estás de fondo, detrás de cuantos pensamientos colonicen mí tiempo. Vagas en la base de mi retina, en el destello último de mis ojos en la oscuridad…
Tanto rumbeé para encontrarte, y ahora que estoy acá -frente a vos- es que vacilo por qué te buscaba. ¿Qué sentido tiene consumar el camino hasta a vos si al llegar me desbarato? Todo este meandro lo peregriné buscándote. Mi pasado solo sirvió para guiarme hasta ti, necesito un nuevo ahora.

Definir lo que buscaba, darle forma a mi deseo… Mi deseo asume tu rostro, mi estómago lo recita. Sos la velocidad a la que mi corazón ansiaba latir, el movimiento del aire en mis pulmones agitados. Sos la intensidad de mi fuego que arde hasta desnaturalizarme por dentro.
Llegué, evoco el camino hasta aquí, ¿he de olvidarlo? ¿Tengo que dejar de andar? Estás acá, acá estoy yo. Mi pié advierte la orilla final de la senda. Un vértigo me arrulla y casi percibo el aire de la diferencia entre nosotros. Dejo mi punto de referencia y se desconcierta mi equilibrio. Me voy perdiendo…

¿Qué más deseaba yo? El tiempo se extravió, porque ya no lo tengo, te encontré. Vos no sos yo, estoy segura. Necesito tu extremo para definirme, de alguna manera inusitada estoy falta de tu alteridad. Pero estas del otro lado de esta divergencia.

Si coincidir con vos fue lo que motivó cada travesía ¿Qué forma tendrá mi vereda ahora? Cada dolor, cada cicatriz la consumí para resucitar a la Mujer que mora en mí y que hoy -frente a vos- se aventura a desearte, sin intuir qué entraña eso. No logro aprehender que más se extravía en mí… La falta que me hacías se transformó en el ímpetu que me instó a desafiar a mi Goliat, a trepar la cuesta empinada de mi soledad. Y una vez del otro lado, aún quedo yo. Yo al salir, yo al arribar… y vos en el medio.

¿Y qué hacer conmigo? Hallarte cesó el rodaje de este melodrama de pacotilla, y el silencio y mi sordera se hicieron evidentes. Un giro de cámara y existo, soy la protagonista. Escuché mi voz. Acaricio mi cuerpo, atesoro una emoción y están aquí. Siempre estuvieron conmigo, no las advertía. Eternamente yo, en mí y en vos. Siempre rastreándome.

Y es ahora cuando me doy cuenta que aún no me reconozco, no sé quién soy. Sé que en alcanzarte te evite miles de veces. Sé quien fui sin vos. Para encontrarme tengo que saltar… ¿Qué anónimos deseos avivará en mi la fuerza que antes me persuadió hasta a vos? ¿Será que la dilapidé? ¿La perdí?

Prediqué sobre mi toda mi vida, pero sin percatarme cómo se sentía mirarte y tropezar con tu deseo. No se lo reveles a nadie, cada vez que cierro los ojos te pillo en mi silencio.

Estoy…


Desvaneciéndome, desintegrando mi mapa de referencias, vos interviniste mi eje. ¿Será que consigo contemplar el abismo entre nosotros, o ya me lancé a él?