miércoles, 6 de marzo de 2024

Ultrainocencia

¿Cómo continúa la historia?

¿Qué va a pasar mañana?

¿Cuánta incertidumbre podemos integrar?

¿Cuánta ingenuidad renovada podemos habilitar para experimentar lo que nos pasa?

¿Cuántos posibles caminos estamos dispuestos a aceptar entre lo que deseamos y lo que creamos?

¿Cuánta certeza tenemos de a dónde nos lleva lo que estamos haciendo ahora mismo?

sábado, 30 de mayo de 2020

Escritos de una Luna Pisciana

El avocablo que reside dentro nuestro:
fuera nuestro,
que se deforma,
que transforma,
que define,
que alucina,
que se explica,
que confunde,
que contiene,
que se disuelve,
que se replica,
que contagia,
que se comunica,
que se escinde,
que se asume
muerte,
vida.

domingo, 26 de abril de 2020

Atlas




Atlas, el gigante que sostiene el mundo.
Una vértebra desplazada.

Un amor escondido, una elección no asumida.
Un rechazo callado, un alimento tóxico.

Horas de dientes mal acomodados,
aprendizaje de la obediencia,
de la negación,
de no escuchar el dolor.
De tolerar por amor
o por miedo
o por falta de creatividad.

Una derecha heredada y sostenida
para obtener reconocimiento.
Una opinión conservadora para esconderme,
para conservar un cariño
o la fantasía de recibirlo.

Acomodada en la incomodidad
de estar “mal”,
de necesitar aprender y corregir
para ser vista.

Elegir la razón antes que el equilibrio
para ocultar palabras
para permanecer sometida, convencida,
para perdonar justificando
las demoras,
los dolores de la izquierda.

Una izquierda sorda,
renga,
que no apoya el pie sobre la tierra.
Una emoción descaderada,
dolor naturalizado.
Temblores inconscientes,
impulsos que agonizan,
información que no circula.

Argumentos desplazatorios.
Si habla, lo desconectamos.
Si escucha, lo apagamos.
Si siente, lo negamos.
Si duele, lo menospreciamos.
Si falta, nos conformamos.
Si sobra, toleramos.
Si aguanta, seguimos.

“Lo qué tenés es solo un problema estético”
“Hablame cuando tengas un título”
“Lo tuyo es psicológico”
[inventado]

Si duele, es normal.
Si no duele, algo está mal.
Si no duele, no es suficiente.
Si duele, vas bien.

“Es parte de madurar”
“En esta casa no quiero artistas”

Lógicas perpetuantes,
mochilas cargadas por las dudas.
Fantasías de cambio,
de retornos,
de perdón,
de reconocimiento,
de justicia.
Acuerdos de negación,
silencios sumisos.
Una izquierda loca,
sin cabales.
Izquierda violenta,
impulsiva,
destructiva,
exagerada,
culposa,
inservible.
Una Izquierda de fantasías,
intolerante,
intransigente,
rencorosa,
repetitiva,
apegada.
Una izquierda vacunada,
desmotivada,
golpeada,
abusada,
violada,
ensordecida,
atontada,
ninguneada.
Una derecha de ideales.
Derecha agresiva,
indiferente,
miedosa,
sometedora,
estática,
abusiva,
autoproclamada.

Una vértebra desplazada,
Altas, la que sostiene el mundo.

domingo, 15 de marzo de 2020

Anhedonia


Tratando de evitar/desintegrar el deseo
me encuentro con mucho deseo.
todo es deseo y, por ende,
todo es imaginación,
todo es expectativa,
anticipación del presente.

Todo deseo es referencia al pasado
hecha futuro.
Por tanto, todo deseo es
repetición de algo.

Abandonando el deseo
me encuentro llena de irritabilidad
por la adicción,
el apego al deseo,
su satisfacción,
su muerte
y su renacer.

Irritabilidad de quién está
acostumbrado a sobrevivir
satisfaciendo sus deseos.
esa tranquilidad,
temporal,
de lo cíclico.
La repetición.

Irritabilidad/ansiedad que se va
exorcizando
pero el camino toma tantas caras
como sabores.
Se apropia de dogmas,
creencias,
recuerdos
y se recrea.

Exige, irrita, boicotea.
Quiere deseo, desear.

Toma el rostro de alguien,
un aroma nuevo,
otro color,
una nueva idea,
una nueva experiencia.
Mas es siempre la repetición
del pasado.
Un efecto conocido de satisfacción.

La experiencia de lo verdaderamente nuevo,
no sabemos si realmente será como imaginamos.
Entonces, no podemos desearla.

Un deseo se choca con otro,
se pelean, compiten y
aunque parezca que lleven a lugares diferentes,
ambos deseos quieren lo mismo,
ser satisfechos.

Varias direcciones.

El deseo te vuelve intolerante.
La mente acostumbrada a desear
critíca,
siempre pide más,
pide nuevo,
lo mismo.

Exige, compara, desdeña,
desea.

jueves, 6 de julio de 2017

Rutina de mi Mundomiedo


Otro día más…

(¿Cuántos días más?)

…trabajando para la Ley, la trampa de la Ley.

Una sucesión de historias que se vuelven reales porque las sentenciamos a pronunciarse indefinidamente, Mente.
Cuando ninguna historia es cierta, cuando retenemos un fragmento de “rea-lidad” y nos condenamos a revivirlo y poseerlo, aunque sea para equivocarse eternamente, Mente.

Nos creemos esa versión, nos creemos/creamos el error. Nos convencemos de él y damos vida a un miedo, el miedo de perderlo, de que no sea cierto. Un hueco en el espacio para llenarlo de emociones. Repetidas, pero emociones que son el combustible del movimiento.

Mente, perdón por enseñarte a repetir, por condenarte a reproducir: primero las emociones, lo demás es cuento, coartada para dar lugar a lo reptiliano. Primero explotó, luego se inventó la pólvora.

Nada es mío, ningún fragmento.

Pero hay un hueco, lo lleno… de historias que me preocupen. La emoción de base que hace florecer la preocupación es un hueco. Está vacío.

-:Libérate.

Es deseable solo porque creo/creo los límites, entonces tengo algo que hacer. Puedo llenar el hueco. Pero, si no creo en los límites, no hay de qué liberarse, me suelto.

Voces, miles, que anidan en mí.

¿Mías? No.

De nadie, de todos.

No existen.

Existen, porque aprendí el código.

¿Cómo se resuelven los conflictos? Leer las emociones antes que las palabras. Me dejo invadir por las emociones de los demás porque me pierdo en sus palabras. No hay conflicto, hay apegos.

Ninguna historia es cierta.

Fobia social por no saber cómo sobrellevar tanta percepción, por no saber usar los límites. La existencia está ahí para mí y yo la dilapido entregándole mi espíritu a los demás de una manera inconsciente,
desordenada,
ausente,
pero conmigo ahí.

Presa del código, a sus servicios /funcional al sistema/.
Inclusive siendo Montonero.
Tapar,
tapar,
tapar el hueco.
Tapar.

Está bien volverse diestro en las artes del mundo /El Mago/,
Y tener éxito /La Carroza/.
Pero, ninguna historia es cierta /Los Amantes/.
¿Merecerse la vida? Es ontológicamente incorrecto, Mente.
Ya está dada.

Escuchar la esencia,
el orden bajo el orden,
un código sin palabras.

El orden por debajo de las palabras, el dios que no se puede nombrar.

La memoria es una historia que no se quiere soltar, por miedo a no saber /El Loco/. Entonces la historia se repite porque es cierta. ¿De cuantas historias me estoy ayudando para esconderme? ¿Cuántas historias que consciente, Mente, me están sirviendo para crear mi mundo/miedo?

Entonces ¿para qué está El Emperador? ¿Y El Sumo Sacerdote? ¿Para qué? ¿Por qué?
La respuesta no está en ninguna parte.
No hay respuesta.
No hay pregunta.
Ninguna historia es cierta.

Un día más…

… de responsabilidades asumidas y miedo a perderlas aunque fastidien. Porque ellas, todas ellas, cada una, sin excepción me dicen cómo y qué hacer. Me dicen qué soy. Igual que todo lo que decido conservar, la gente con la que elijo estar, las palabras que repito elegir.

-: La sociedad nos enseña mal, nos reprime, no nos ayuda.

En realidad es solo porque yo necesito las reglas y los límites /El Emperador/, necesito el tirano del que liberarme. Solo estoy repitiendo el dicho, la emoción. No la estoy experimentando. Pero si al menos siento que me estoy liberando de algo, al menos estoy intentando hacer algo valioso con mi vida. La palabra libertad tiene mucho valor agregado.

Pero no hay cadenas, en realidad yo me las puse /El Diablo/ y ahora creo que me atan.

Yo me até.

O me ataron y me dijeron no te podes soltar y yo les concedí esa verdad /El Sumo Sacerdote/.

El intelecto te resuelve la inconsistencia y te quedas satisfecho, pero en realidad no lo resolviste. Solo te lo imaginaste. No usaste otros niveles de experiencia porque no tenés desarrollado otros niveles de conciencia.

Ninguna historia es cierta.

sábado, 17 de junio de 2017

Más-caras de Cebolla

Tus capas, mis capas de cebolla. Cómo me arden los ojos de pelarnos. Mis más- caras, las tuyas. Las veo cuando las tengo, las tenes. No las veo en el espejo.

Te elegí para ver mis caras, las más-caras de mi cebolla, de la tuya. Te elegí porque me vi [en vos] me oculté.

Te olvidaste un par de tus máscaras de cebolla en casa cuando te fuiste. Estuve tratando de picarlas para freírlas, pero me hicieron llorar. Por eso me detuve a hacer esta pequeña salvedad:

[De todos los trucos que hay para que pelar una cebolla no haga llorar, el que funciona para mi es no parar de pelar para secarse las lágrimas. Pelar y pelar hasta que se acabe la tarea, aunque sea con los ojos borrosos de lágrimas. Las lágrimas son la reacción del cuerpo que desprende el ojo para limpiar el ácido que deviene de pelar una cebolla máscara por más-cara. Esas lágrimas nos permiten seguir pelando y pelando hasta que se vea el interior de la cebolla, el cual suele con frecuencia estar podrido y tener un olor nauseabundo si la cebolla se ha dejado reposar por décadas sin ser pelada jamás. Ese centro putrefacto es mejor eliminarlo porque, de otra manera, agregarlo a la receta que se desea preparar con esa misma cebolla puede arruinar la futura degustación. Por todo eso, intentar pelar una cebolla sin llorar sería un ejemplo categórico de un oxímoron en acto, es el terco ideal del duelo inerte. En cambio, continuar la tarea hasta el final sin frenar el drenaje de las lágrimas nos permite acabar de desenmascarar la verdadera identidad de la cebolla.]

La identidad de una cebolla: Qué hermoso vitreaux! La combinación de todas esas caras (nuestras, mías, tuyas) desparramadas sobre la tabla de picar. Todo para descubrir que no hay cebolla sin capas, es nada más una superposición de máscaras viejas, nuevas, prestadas, elegidas, heredadas, incuestionadas caras-más de una. Dinámicas máscaras capas que nos dejan entrevernos a veces, cuando dejan de escondernos.

Te pedí que te sacaras esas máscaras porque no soportaba verme en vos. Me olvidé que las que veía eran solo mis capas.

Tal vez si yo me quitaba las mías, ya no te gustaba las que había debajo. Entonces probé ponerme las tuyas para que te mirases cuando me mirases y no te sintieses extraño.

Por eso he cambiado, ahora también tengo tus capas de piel.

Ahora vos te quitaste mis caras.

Ya no te reconozco, Cebolla, te pusiste otras más-caras nuevas.

¿Te ardió en los ojos quitarte las mías?

¿Pelaste sin parar?


Yo todavía estoy pelando las nuestras.

martes, 31 de mayo de 2016

La evasión más dulce

Que el día no me agarre sola pensando en vos. Sos mi refugio de la incertidumbre y no lo sos realmente. Sos todo lo que mi imaginación te permita ser y nada de lo que seas en realidad.

En vos me escondo de mí… o tal vez me descubro. Aún no lo sé.

Ojalá yo rumbee tu cabeza. Ojalá me encuentres en cada silencio a solas. Quisiera que me recuerdes y me extrañes insistentemente, como yo lo hago con vos, labios avinados.

Mejor no asociarte con la alegría de mis días. Mejor reemplazarte por un chocolate, un buen libro o un paseo por la ciudad. Hasta tal vez sea mejor recordar todas las angustias y las lágrimas que de seguro van a sopesar las ganas de pensarte. Mejor no comprenderte ni perdonarte por el pasado. Mejor creer que es un corazón desapegado y cruel el que te marca el pulso y no pretender que te enternezca ni menos te importe la gran fantasía que mi mente tiene para vos.

Matando fantasías. Una a una con palos o besos. No sin dolor, no sin angustia pero con la certeza de que no hay mejor fantasía que la realidad. Porque eso siento, eso entiendo y por eso dejo atrás la urgencia de resolver la incertidumbre. Que no hay futuro desconocido que sea mejor sueño que valorarme ahora.