sábado, 13 de octubre de 2012

Cosiendo

Años y todavía se arregla cuando él viene a buscarla. Ella rota, sola se arregla. Ya estaba rota y sola antes que él la despedazara, y no dejó que existiera nadie capaz de remendarla. Las partes sueltas sirven más, las de él, las de ella.

Cose, cose, cose y recose. Yapa, junta, une y anuda cada centímetro de individualidad que los aparta. Aprieta cada vez más. Comprueba el pacto, el acuerdo, la ligazón que opera: se para frente a él como si fuera su reflejo especular, mueve una mano y espera -siglos si fuera necesario- a que él mueva la suya. Si falla, hay escarmiento. Domesticando los  gustos, las opiniones, los hábitos, los vicios. Él, sin embargo imprudente, quiere pensar por sí mismo, traidor. Retroalimenta de sentencias los desacuerdos, los fragmentos de la divergencia. La aleación más inofensiva de amalgamas de recuerdos infringidos. Amputa lo propio, instaura lo ajeno.


Diluyendo dos personalidades en un amor-fo. Desfigurando las diferencias, mimetizando los cuerpos. Cicatrices tantas, que ya no se distinguen. Es una costra de complicidades silenciosas. Llagados, cayados, yugados, callados los dedos de empujar agujas, hacer nudos, forzar congruencias y estrujar las voluntades.
Supura, infectada la herida cada tanto resiste, cada tanto se abre, cada tanto no existe. Gangrena por dentro, ella se deshilacha en idealizarlo. Esperanza transformada en cordel que une las vísceras de permanencias fatigadas. Esta vez más rígido, más apretado, más tirante… soporta, mas se rasga. Parche sobre parche: mentira sobre bronca sobre mentira sobre bronca.

Rompe cada noche, desilusionada. Todas las mañanas cose indulgencia, lo perdona por transgredir.  Satisfecho, vicioso de otra oportunidad. Le educa la percepción ingenua, él no entiende, nunca lo hará. Ella esconde la evidencia de que él sea capaz. Es su deuda y su molestia comunicar todo lo que le sucede. No hay espacio para la intimidad, no hay intimidad, no hay espacio. No hay secretos, no hay olvidos, no hay permisos.

Ella no desiste: hay que esforzarse y practicar. Insiste, un paso tras otro para  aprender a caminar yuxtapuestos. Un paso tras otro para devastar la identidad. Se ensaya la renuncia, se acostumbra el sinsabor. “Papita pal loro, papita pal loro” - repasa-. Sin pensar, sin desear, solo repetir.
Es una parte de su cuerpo la que tropieza. Dolosa y golosa. Ninguna parte del propio cuerpo desobedece, solo que esta parte el cuerpo es tonta. Tiene que ejercitarse, insistir y machacar, olvidar la diferencia, frustrar la distancia.

Cosiendo, cosiendo, cogiendo. Aguja e hilo… una puntada, otra putada. Hipnotizado en una disputa, la transforma en su víctima y a su vida en crimen. ¿Cuántos hay en la cama? Uno, no… dos. Dos sumados, dos ensamblados, dos unidos, dos sin nombre. Uno.

Ahora lista está, esa parte de su cuerpo está pronta para hacer lo que ella no soportaría hacer en su propia piel, en su propia mente. Él será el hacedor, él realizara todas las fantasías insatisfechas. Él dibujara todas las cicatrices con las que ella sueña. Se destroza, él lastima y ella cose.