Años y todavía se arregla cuando él viene a buscarla. Ella
rota, sola se arregla. Ya estaba rota y sola antes que él la despedazara, y no
dejó que existiera nadie capaz de remendarla. Las partes sueltas sirven más, las
de él, las de ella.
Cose, cose, cose y recose. Yapa, junta, une y anuda cada centímetro
de individualidad que los aparta. Aprieta cada vez más. Comprueba el pacto, el
acuerdo, la ligazón que opera: se para frente a él como si fuera su reflejo
especular, mueve una mano y espera -siglos si fuera necesario- a que él mueva
la suya. Si falla, hay escarmiento. Domesticando los gustos, las opiniones, los hábitos, los
vicios. Él, sin embargo imprudente, quiere pensar por sí mismo, traidor. Retroalimenta
de sentencias los desacuerdos, los fragmentos de la divergencia. La aleación
más inofensiva de amalgamas de recuerdos infringidos. Amputa lo propio,
instaura lo ajeno.
Diluyendo dos personalidades en un amor-fo. Desfigurando las
diferencias, mimetizando los cuerpos. Cicatrices tantas, que ya no se distinguen.
Es una costra de complicidades silenciosas. Llagados, cayados, yugados,
callados los dedos de empujar agujas, hacer nudos, forzar congruencias y estrujar
las voluntades.
Supura, infectada la herida cada tanto resiste, cada tanto
se abre, cada tanto no existe. Gangrena por dentro, ella se deshilacha en
idealizarlo. Esperanza transformada en cordel que une las vísceras de permanencias
fatigadas. Esta vez más rígido, más apretado, más tirante… soporta, mas se
rasga. Parche sobre parche: mentira sobre bronca sobre mentira sobre bronca.
Rompe cada noche, desilusionada. Todas las mañanas cose
indulgencia, lo perdona por transgredir. Satisfecho, vicioso de otra oportunidad. Le educa
la percepción ingenua, él no entiende, nunca lo hará. Ella esconde la evidencia
de que él sea capaz. Es su deuda y su molestia comunicar todo lo que le sucede.
No hay espacio para la intimidad, no hay intimidad, no hay espacio. No hay
secretos, no hay olvidos, no hay permisos.
Ella no desiste: hay que esforzarse y practicar. Insiste, un
paso tras otro para aprender a caminar yuxtapuestos.
Un paso tras otro para devastar la identidad. Se ensaya la renuncia, se acostumbra
el sinsabor. “Papita pal loro, papita pal loro” - repasa-. Sin pensar, sin
desear, solo repetir.
Es una parte de su cuerpo la que tropieza. Dolosa y golosa.
Ninguna parte del propio cuerpo desobedece, solo que esta parte el cuerpo es
tonta. Tiene que ejercitarse, insistir y machacar, olvidar la diferencia, frustrar
la distancia.
Cosiendo, cosiendo, cogiendo. Aguja e hilo… una puntada,
otra putada. Hipnotizado en una disputa, la transforma en su víctima y a su
vida en crimen. ¿Cuántos hay en la cama? Uno, no… dos. Dos sumados, dos ensamblados,
dos unidos, dos sin nombre. Uno.
Ahora lista está, esa parte de su
cuerpo está pronta para hacer lo que ella no soportaría hacer en su propia
piel, en su propia mente. Él será el hacedor, él realizara todas las fantasías
insatisfechas. Él dibujara todas las cicatrices con las que ella sueña. Se
destroza, él lastima y ella cose.

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