Atlas,
el gigante que sostiene el mundo.
Una
vértebra desplazada.
Un
amor escondido, una elección no asumida.
Un rechazo callado, un alimento
tóxico.
Horas
de dientes mal acomodados,
aprendizaje
de la obediencia,
de
la negación,
de
no escuchar el dolor.
De
tolerar por amor
o por
miedo
o por
falta de creatividad.
Una
derecha heredada y sostenida
para
obtener reconocimiento.
Una
opinión conservadora para esconderme,
para
conservar un cariño
o la
fantasía de recibirlo.
Acomodada
en la incomodidad
de
estar “mal”,
de
necesitar aprender y corregir
para
ser vista.
Elegir
la razón antes que el equilibrio
para
ocultar palabras
para
permanecer sometida, convencida,
para
perdonar justificando
las
demoras,
los
dolores de la izquierda.
Una izquierda sorda,
renga,
que no apoya el pie sobre la tierra.
Una emoción descaderada,
dolor naturalizado.
Temblores inconscientes,
impulsos que agonizan,
información que no circula.
Argumentos
desplazatorios.
Si
habla, lo desconectamos.
Si
escucha, lo apagamos.
Si
siente, lo negamos.
Si
duele, lo menospreciamos.
Si
falta, nos conformamos.
Si
sobra, toleramos.
Si
aguanta, seguimos.
“Lo
qué tenés es solo un problema estético”
“Hablame
cuando tengas un título”
“Lo
tuyo es psicológico”
[inventado]
Si
duele, es normal.
Si
no duele, algo está mal.
Si
no duele, no es suficiente.
Si
duele, vas bien.
“Es
parte de madurar”
“En
esta casa no quiero artistas”
Lógicas
perpetuantes,
mochilas
cargadas por las dudas.
Fantasías de cambio,
de retornos,
de perdón,
de
reconocimiento,
de
justicia.
Acuerdos
de negación,
silencios
sumisos.
Una izquierda loca,
sin cabales.
Izquierda
violenta,
impulsiva,
destructiva,
exagerada,
culposa,
inservible.
Una
Izquierda de fantasías,
intolerante,
intransigente,
rencorosa,
repetitiva,
apegada.
Una izquierda vacunada,
desmotivada,
golpeada,
abusada,
violada,
ensordecida,
atontada,
ninguneada.
Una
derecha de ideales.
Derecha agresiva,
indiferente,
miedosa,
sometedora,
estática,
abusiva,
autoproclamada.
Una
vértebra desplazada,
Altas,
la que sostiene el mundo.