Tus capas, mis capas de cebolla.
Cómo me arden los ojos de pelarnos. Mis más- caras, las tuyas. Las veo cuando
las tengo, las tenes. No las veo en el espejo.
Te elegí para ver mis caras, las
más-caras de mi cebolla, de la tuya. Te elegí porque me vi [en vos] me oculté.
Te olvidaste un par de tus
máscaras de cebolla en casa cuando te fuiste. Estuve tratando de picarlas para
freírlas, pero me hicieron llorar. Por eso me detuve a hacer esta pequeña
salvedad:
[De todos los trucos que hay para que pelar una cebolla no haga llorar,
el que funciona para mi es no parar de pelar para secarse las lágrimas. Pelar y
pelar hasta que se acabe la tarea, aunque sea con los ojos borrosos de
lágrimas. Las lágrimas son la reacción del cuerpo que desprende el ojo para
limpiar el ácido que deviene de pelar una cebolla máscara por más-cara. Esas lágrimas
nos permiten seguir pelando y pelando hasta que se vea el interior de la
cebolla, el cual suele con frecuencia estar podrido y tener un olor nauseabundo
si la cebolla se ha dejado reposar por décadas sin ser pelada jamás. Ese centro
putrefacto es mejor eliminarlo porque, de otra manera, agregarlo a la receta
que se desea preparar con esa misma cebolla puede arruinar la futura
degustación. Por todo eso, intentar pelar una cebolla sin llorar sería un
ejemplo categórico de un oxímoron en acto, es el terco ideal del duelo inerte.
En cambio, continuar la tarea hasta el final sin frenar el drenaje de las lágrimas
nos permite acabar de desenmascarar la verdadera identidad de la cebolla.]
La identidad de una cebolla: Qué
hermoso vitreaux! La combinación de todas esas caras (nuestras, mías, tuyas)
desparramadas sobre la tabla de picar. Todo para descubrir que no hay cebolla
sin capas, es nada más una superposición de máscaras viejas, nuevas,
prestadas, elegidas, heredadas, incuestionadas caras-más de una. Dinámicas
máscaras capas que nos dejan entrevernos a veces, cuando dejan de escondernos.
Te pedí que te sacaras esas
máscaras porque no soportaba verme en vos. Me olvidé que las que veía eran solo
mis capas.
Tal vez si yo me quitaba las mías,
ya no te gustaba las que había debajo. Entonces probé ponerme las tuyas para
que te mirases cuando me mirases y no te sintieses extraño.
Por eso he cambiado, ahora
también tengo tus capas de piel.
Ahora vos te quitaste mis caras.
Ya no te reconozco, Cebolla, te
pusiste otras más-caras nuevas.
¿Te ardió en los ojos quitarte
las mías?
¿Pelaste sin parar?
Yo todavía estoy pelando las nuestras.
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