Otro día más…
(¿Cuántos días más?)
…trabajando para la Ley, la trampa de la Ley.
Una sucesión de historias que se vuelven reales porque las
sentenciamos a pronunciarse indefinidamente, Mente.
Cuando ninguna historia es cierta, cuando retenemos un
fragmento de “rea-lidad” y nos condenamos a revivirlo y poseerlo, aunque sea
para equivocarse eternamente, Mente.
Nos creemos esa versión, nos creemos/creamos el error. Nos
convencemos de él y damos vida a un miedo, el miedo de perderlo, de que no sea cierto.
Un hueco en el espacio para llenarlo de emociones. Repetidas, pero emociones
que son el combustible del movimiento.
Mente, perdón por enseñarte a repetir, por condenarte a
reproducir: primero las emociones, lo demás es cuento, coartada para dar lugar
a lo reptiliano. Primero explotó, luego se inventó la pólvora.
Nada es mío, ningún fragmento.
Pero hay un hueco, lo lleno… de historias que me preocupen. La
emoción de base que hace florecer la preocupación es un hueco. Está vacío.
-:Libérate.
Es deseable solo porque creo/creo los límites, entonces
tengo algo que hacer. Puedo llenar el hueco. Pero, si no creo en los límites, no
hay de qué liberarse, me suelto.
Voces, miles, que anidan en mí.
¿Mías? No.
De nadie, de todos.
No existen.
Existen, porque aprendí el código.
¿Cómo se resuelven los conflictos? Leer las emociones antes
que las palabras. Me dejo invadir por las emociones de los demás porque me
pierdo en sus palabras. No hay conflicto, hay apegos.
Ninguna historia es cierta.
Fobia social por no saber cómo sobrellevar tanta percepción,
por no saber usar los límites. La existencia está ahí para mí y yo la dilapido
entregándole mi espíritu a los demás de una manera inconsciente,
desordenada,
ausente,
pero conmigo ahí.
Presa del código, a sus servicios /funcional al sistema/.
Inclusive siendo Montonero.
Tapar,
tapar,
tapar el hueco.
Tapar.
Está bien volverse diestro en las artes del mundo /El Mago/,
Y tener éxito /La Carroza/.
Pero, ninguna historia es cierta /Los Amantes/.
¿Merecerse la vida? Es ontológicamente incorrecto, Mente.
Ya está dada.
Escuchar la esencia,
el orden bajo el orden,
un código sin palabras.
El orden por debajo de las palabras, el dios que no se puede
nombrar.
La memoria es una historia que no se quiere soltar, por
miedo a no saber /El Loco/. Entonces la historia se repite porque es cierta. ¿De cuantas
historias me estoy ayudando para esconderme? ¿Cuántas historias que consciente,
Mente, me están sirviendo para crear mi mundo/miedo?
Entonces ¿para qué está El Emperador? ¿Y El Sumo Sacerdote? ¿Para
qué? ¿Por qué?
La respuesta no está en ninguna parte.
No hay respuesta.
No hay pregunta.
Ninguna historia es cierta.
Un día más…
… de responsabilidades asumidas y miedo a perderlas aunque
fastidien. Porque ellas, todas ellas, cada una, sin excepción me dicen cómo y
qué hacer. Me dicen qué soy. Igual que todo lo que decido conservar, la gente
con la que elijo estar, las palabras que repito elegir.
-: La sociedad nos enseña mal, nos reprime, no nos ayuda.
En realidad es solo porque yo necesito las reglas y los
límites /El Emperador/, necesito el tirano del que liberarme. Solo estoy
repitiendo el dicho, la emoción. No la estoy experimentando. Pero si al menos
siento que me estoy liberando de algo, al menos estoy intentando hacer algo
valioso con mi vida. La palabra libertad tiene mucho valor agregado.
Pero no hay cadenas, en realidad yo me las puse /El Diablo/
y ahora creo que me atan.
Yo me até.
O me ataron y me dijeron no te podes soltar y yo les concedí
esa verdad /El Sumo Sacerdote/.
El intelecto te resuelve la inconsistencia y te quedas satisfecho, pero en realidad no lo resolviste. Solo te lo imaginaste. No usaste otros niveles de experiencia porque no tenés desarrollado otros niveles de conciencia.
Ninguna historia es cierta.

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