A mi más profundo desvelo,
Son los días que pasan y los
silencios que se prolongan los que traen tu nombre a mi memoria. Con una voz oculta,
que nadie escucha, te nombro… Te invoco. La inmensidad del cielo, su
inconmensurable profundidad me invitan a conectarme con vos. Si los dos miramos
el mismo cielo en el mismo instante, como cuando lo contemplábamos lado a lado,
¿percibiremos la presencia del otro en la distancia? Te imagino observándome, acompañándome
con una sonrisa muda en esos segundos de pensamiento distraído durante el día,
absorta en mis tareas rutinarias. ¿Por qué insiste tu recuerdo en sobrevivir?
Mi corazón
siempre tuvo un lugar para un amor inverosímil. Muchos rostros, muchos nombres
han visitado esa habitación. Varios se han quedado por años, otros han
permanecido instantes. Están allí, aparecen en mis sueños, me visitan, evitan
que me olvide de ellos. Ocupan la causa de alguna lágrima empática un domingo
nublado o al final de una escena romántica de la pantalla. Otros han sido
excusas de llantos desconsolados los días de melancolía y algunos hasta se
entrometieron en alguna fantasía erótica.
Éste, nuestro
amor inconcebible, prefiero que se quede más de la cuenta, porque -de todos los
amores fantasmas que he tenido- aquella fantasía
que te incluye es la que más órganos de mi cuerpo compromete. Evocarte no pasa inadvertido,
mi fisiología tiene una huella especial para tu recuerdo.
Sin embargo,
la realidad es vapor de agua sobre un vidrio frío… Se condensa y cae como una
gota que se va deshaciendo en el camino dejando un rastro de su misma esencia,
tanto que al llegar al piso ya casi no existe. Fue ella y no yo.
Ojalá la
detestes de madrugada, cuando la ensoñación te revele tu sentimiento escondido.
Ojalá te calles mi nombre cuando la amas, cuando la pasión te avive nostalgias de
mi piel. Quizá la vida quiera concederte el tormento de esperar mis besos en su
boca y tal vez te aburras lo suficiente de su mesura para confirmar que te
enamoraste de mi frenesí.
Imposible
mirarte si te cruzara por la calle. Inadmisible hablarte si por caso debiera
pedirte permiso para pasar por la vereda. Absurdo perdonarte por despreciar mi
manera improvisada de quererte. Estás penado a subsistir en mi imaginación,
porque es el único sitio en donde consigo amarte. Y será el amor más puro que
jamás recibirás de mí.
Estas condenado
a ser mi amante fantasma. Y por si a caso se te ocurriera volverte real, la
Parca resolviera con sus dedos hacerte desistir, pues te matarías si decides
hacerte verdad. Amor destronado, te dejo la garantía de una parte de mi corazón
que nadie más podrá conquistar, las pasiones más subterráneas que pueda yo disfrutar
y cada cielo en silencio que la vida me obsequie.
Por siempre remotamente
imaginaria,
Gregoria.

No hay comentarios:
Publicar un comentario